La ganadería argentina enfrenta un contexto complejo marcado por la escasez de hacienda y una demanda internacional elevada.

Este escenario exige un proceso de retención que no afecte la oferta de carne, donde el clima juega un papel crucial, impactando directamente en la producción y el stock bovino. En el último año, se faenaron 13,6 millones de cabezas, con una producción de 3,15 millones de toneladas de carne, aunque la faena y la producción han disminuido ligeramente en comparación con el año anterior.
Para iniciar la recuperación del stock, es necesario reducir aún más la faena, lo que requiere un aumento en la productividad por animal.

La relación entre la producción de terneros y el nivel de faena es fundamental para el equilibrio del rodeo, siendo influenciada tanto por prácticas de manejo como por condiciones climáticas, que son menos predecibles.
El análisis climático actual revela que varias provincias, como Córdoba y San Luis, enfrentan sequías críticas, afectando aproximadamente al 15% del stock nacional. Sin embargo, esta cifra es menor en comparación con la sequía de 2022-23. Los pronósticos climáticos sugieren un debilitamiento de las condiciones de La Niña y una posible transición hacia un escenario neutral, con expectativas de lluvias que podrían aliviar las zonas críticas.

En resumen, la ganadería argentina se encuentra en un camino que, con un manejo adecuados y cautela, podría llevar a una recuperación gradual del stock y un crecimiento sostenido del sector, a pesar de los desafíos climáticos y de mercado.
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